Popular

Publicado por: Comunicación Co... el dia Mon, 20/08/2018 - 12:50

Hoy en día, la mayoría de las personas deseamos ser populares. Hacemos de todo para conseguir un mayor número de seguidores en las redes sociales. Otros crean una marca de cualquier producto o servicio con la intención de ser la mejor posicionada del mercado. Y otros más, hablan, prometen, mienten e incluso tratan de ser simpáticos con tal de ganar el voto de los ciudadanos.

Aunque buscar la popularidad no es una moda de los tiempos modernos. Solo basta recordar las excentricidades de grandes hombres y mujeres de la historia universal. Independiente a sus logros, muchos de ellos impusieron reconocimiento al llamar con su nombre a poblaciones, ciudades y naciones. Tan solo Alejandro Magno decretó más de 60 ciudades con el nombre de Alejandría, de las cuales una aún existe en Egipto.

Ser popular o deberse al pueblo no debería tener una connotación negativa. Al final el ser humano es un ser social que busca el reconocimiento entre sus similares. Y esta condición inherente al hombre ha originado como consecuencia positiva la Ciencia Política y la Política Pública; ciencia y disciplina que buscan el bien común; si no, para qué fueron creadas.

Sobre estos argumentos es que llegué en enero de 2010 a la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, a inscribirme a la Maestría en Administración Pública y Políticas Públicas. Antes (por años), me cuestionaba de qué servía haber estudiado la licenciatura en comunicación, trabajar en el gobierno federal y no tener muy claro para qué me levantaba todos los días a una jornada laboral sin un objetivo más amplio.

Quizás siembre había querido ser popular. Sí, en la escuela. En el barrio donde crecí. Nunca a través del deporte. Llegar a la Escuela de Gobierno fue la forma de hacerme popular, si se refiere a ser conocido o admirado por una gran cantidad de personas debido al impacto de mi trabajo. Entonces política, del latín políticus y ésta del griego politikós significó polis, ciudad, “de los ciudadanos”. Público, del latín publicus, significó pueblo, población, popular.

Hoy entre funciones y funcionarios públicos no entiendo cuál es el miedo al término “popular” si Jean Jacques Rousseau desde el siglo XVIII definió que todos los poderes públicos residen en los ciudadanos. Es decir, en el pueblo.

Pero si lo que hacemos no es para los demás, cuál es el valor que ofrecemos. Esa es y debe seguir siendo la naturaleza de la política pública. Quien diga que no quiere ser popular es porque ya lo ha logrado o pretende conseguirlo al emitir un rumor insólito entre el pueblo.

Llegar al Tec hace más de ocho años fue la mejor manera de entender la política pública y hacerme popular.

 Además, si no somos pueblo, entonces qué somos.

 

Isaac Macip